Comentario a Esto es agua de D. F. Wallace
Es difícil no contemplar a primera vista, y quizá también a última, un fin terapéutico en el discurso de Esto es agua. El supuesto principal, por el que él apela a una consciente elección en la construcción del significado y que conduciría a la “real freedom”, es que si no somos conscientes de lo que pensamos, es decir, si no elegimos conscientemente cómo y qué pensamos, viviremos un infierno en vida. Porque la no elección, según el autor, nos hará presa, inconscientemente, de dioses que nos comerán vivo como el poder, la belleza o la inteligencia. Ante esto la salida es el elegir, no la verdad necesariamente, sino aquello que reconforta: el significado engendrado por la libertad. Al parecer cuando uno empieza a proveer significado no necesariamente verdadero (pero libre) de las cosas uno se involucra más con el otro y con la obviedad, y nos damos cuenta de que “this is water”. Lo que, por lógica, me llevaría a comprender lo “real” de un hecho. Hasta aquí todo bien. Es una buena salida al oprimente estilo de vida mecanicista moderno, donde siempre parecemos seguir la inercia sin percatarnos de si nos gusta el lugar a donde vamos o por qué estamos yendo hacia allá. Sin embargo, Wallace no detalla las condiciones para ejercer este tipo de libertad. No todos van al súper después del trabajo y viven una experiencia de mierda sin sentido. Hay personas que, aunque les pese a muchos, no tienen este tipo de infortunios, o tienen tan pocos en la vida que no les hace falta elegir qué pensar, solo viven bien o, mejor dicho, con las comodidades que este mundo inconsciente provee. Por eso es que un requisito para la elección es necesariamente la tristeza, en su modo de frustración. Y elegir puede dar alivio sicológico, pero puede también tener consecuencias de evasión y no compromiso de la realidad. No puede aplicarse a rajatabla, sin una reflexión previa, el elegir pensar lo que me convenga. Lo último por supuesto está relacionado con la ética. Un ladrón, por ejemplo, puede pensar que la persona a la que va a robar no le hace falta el dinero y que, es más, estaba a punto de donar aquello que tenía en la billetera a personas como él. Y puesto que él lo necesita más que la víctima no estaría mal que le quitara su dinero enseguida. No todo se soluciona decidiendo cómo quiero ver las cosas. El miedo, que genera la no elección del significado es también útil, pero Wallace no pone énfasis alguno en ello. Es cierto que tampoco menciona que todo debe caer en el saco de la subjetividad, pero lo que le falta a este ensayo es acotar qué hace realmente a una elección ser liberadora y qué es lo que puedes hacer con esa elección luego de llevarla a cabo, más allá de lograr empatía y alivio espiritual. Si tenemos en cuenta que las acciones de conciencia se dan por conocimiento, tendremos que aceptar que la mejor lección que podemos sacar del texto de Wallace es que al liberar nuestro poder de elección de pensamiento conseguimos cierta seguridad no desdeñable para preocuparnos por nosotros mismos y continuar, lo que no significa regresar al ensimismamiento, sino a la acción con una base más sólida. Es decir, no se trata de estar siempre fuera de uno, como podría sugerir su discurso, sino de un ir-y-venir del yo. Ir para ver por dónde, identificando la obviedad, y de regreso para seguir construyendo lo que quiero para mí. Porque no todo puede perderse en la inmensidad de las interrelaciones. La estructura universal conmina a que siempre haya núcleos, sin perjuicio de la continuidad, que ayuda a su supervivencia.
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